
Por tal razón me tome el atrevimiento de de traer esta excelente pieza teatral en dos partes espero sea de su agrado.■


Derecho se incorpora a la llamada "Generación de la Autonomía", de la cual proceden varios de los líderes fundadores del Frente Sandinista. En 1969 es elegido secretario general de la Confederación Superior de Universidades de Centroamérica. Tras dos años de residencia en Berlín, en 1975 se traslada a Costa Rica para incorporarse al Frente Sandinista de Liberación Nacional. En 1978 regresa a Nicaragua, desafiando la orden de prisión de la dictadura. Allí se le recibe con una gran manifestación popular. Al triunfo electoral del Frente Sandinista (encabezado por Daniel Ortega), Sergio Ramírez es elegido vicepresidente de Nicaragua; tras la derrota en las elecciones de 1990 fue elegido jefe de la Bancada Sandinista en el Parlamento, cargo que desempeñó hasta 1994.El escritor ha publicado unas 30 obras, incluso novelas, cuentos y ensayos, entre ellos "Margarita, está linda la mar" y "Te dio miedo la sangre", y es uno de los narradores latinoamericanos más leídos.
Sucesos como la pasada Feria Internacional del Libro y Material Didáctico permiten organizar válvulas de escape denominados Foro Permanentes de Escritores en los cuales el ya suscitado tema sobre “Talleres Literarios” nuevamente alzó la mano y dijo: Presente; para ello los expositores invitados fueron representantes de algunos de los talleres literarios del país tales como: Talega(Alfonso Fajardo), Techan(Luís Angulo), Añil(Pedro Valle), Xibalbá(Jorge Vargas Méndez), La Fragua(Mauricio Vallejo) y Serpiente Emplumada(Carlos Flores) quienes dieron lugar a la embocadura, como autores-actores, y ante el llamado mostraron su postura:
Sin otorgar aún el titulo:”Taller Mas Representativo de El Salvador”, la historia literaria salvadoreña nos demuestra que ante esta cuestión aún faltan pasos que contar, requiere de mayor evolución y trabajo no solo creativo sino intelectual, de manera que ante la diversidad de Talleres existentes no es posible generalizar el trabajo de éstos.
Por otra parte respecto a la concepción, lineamientos, postura y proyección de los Talleres Literarios, sin hacer nuevas y viejas predisposiciones he aquí la postura en general de algunos de los participantes:
* Los talleres literarios son una actividad significativa para el escritor, en la que cada integrante adquiere su propia voz y estilo.
* Los talleres literarios son como una gran ventana en la que la retroalimentación permite conocer gente, llenarse de información, aprender, expandirse y explorares decir crear...
* Al contrario de los grupos que se reúnen a hablar al respecto de temas de orden literario, los talleres son mas bien una cuestión de “escuela” en la que la formación creativa y literaria tiene un lugar principal, enriqueces tu experiencia con la de otros.
* Surgen de forma espontánea, es decir no hay un parámetro de inscripción, permiten ganar experiencia, estoy de acuerdo son como una escuela por aquello del trabajo que requiere dentro y fuera del Taller.
* Sin olvidar el pasado los talleres no pueden formarse sin conocer que hubo antes, por eso el taller no implica una ruptura con el pasado, que es lo nuestro, a fin de obtener una buena base…
* De manera que el trabajo en un taller literario se da en conjunto, durante la actividad sociocultural, por lo tanto hay que trabajar en grupo para poder organizarse, como equipo para lograr alcanzar objetivos comunes de esta forma cada uno tiene la oportunidad no solo de integrarse también de crecer…
* He aquí el reto entonces, veremos con quién hablaremos mañana…
Al final todo forma parte de todo: esa necesidad inexplicable que hace que ciertas madrugadas tomes algo que pinte (llámese lápiz, color, lapicero, crayola, etc.) para intentar trazar líneas que embocen palabras de formas y no formas para rozar aquello que llamamos poesía, conduce esos pies a esos encuentros con seres extraños que algunas veces se levantan de madrugada de la misma form
Hasta que de pronto ese encuentro-búsqueda se llama por si mismo.: Compañeros/as, Taller, Hermanos/as, y al final el reto es con ellos, para ellos para uno que forma parte de todo■


Cuando el universo, el mundo que rodea al ser carece de sentido y unidad, la obra, si quisiera constituirse de forma más aproximada en una analogía del mismo, debe huir de toda impertinente sarta contornos armoniosos y perpetrar una fragmentación de la realidad que a la vez, en la poesía, hace necesaria una deliberada fragmentación de la forma. No se trata de la simple acumulación de vertiginosa de cosas y no-cosas sino, como creo que alguna vez dijo Leonidas Morales en un ensayo sobre Parra, una clara pretensión de ironizar la ilusión estética de turno. Esto, es uno de los más claros elementos manifiestos en la fantasmal acumulación de apuntes que se nos presentan en Las Palabras y los Días, de la cual, únicamente estamos autorizados a sospechas que el autor se llama Julio Serrano, que probable nació en Quetzaltenango en 1983.
Y hablando del universo: Una de las imágenes más persistentes en la memoria de mi niñez, es la del relámpago que llena la noche que creía oscura pero calmada, vacía. La transición físico-emocional de la meseta de la oscuridad (que creía perpetua, repito) a la luz-certeza-clímax para caer luego a la nueva meseta oscura es una prueba de la irrefutable verdad de que estos dos elementos, luz y cerrazón, son co-dependientes en totalidad. Digo, de los dispositivos que constituyen este libro, se sospecha que son precisamente ausencia y relámpago, (que al final expresan un exhibicionismo descarado) los dos aportes más radicales para el medio en el que estamos viviendo.
están las cosas que pasan rápidamente
Ser en el movimiento la calma
la agitación del árbol que interrumpe la corriente en la
piedra redonda de tanta necedad
demasiadas palabras para tan sordos oídos.
He cometido una cita necesaria. Para los que hemos leído este libro, podremos vislumbrar que el espacio en blanco, el espacio sonoro se libera de sí mismo y permitir así que vibre. Lugar común: el lector escucha, literalmente, el silencio. Para esto necesito otra cita:
sólo el ruido del teclado llena la soledad de tus oídos
aromatizante sabor a luto, las páginas que se vuelven sobre sí
mismas suben las gradas, se acercan y la humanidad caer de golpe
El merlo es una palabra rara
La destrucción del resto para quedarse de pie sobre el altar
Cuanto más se escribe menos se piensa (pv)
Ahora vamos a otra cosa: Aparte de las claves y del conocimiento que el autor tiene, se incurre varia veces en el procesamiento cognitivo de un texto, canción o poema, así como a su conocimiento previo de otros textos. Podríamos decir que los textos se comunican entre sí, casi independientemente de sus usuarios. Y es a eso, creo a lo que se ha llamado intertextualidad. Una palabra evoca otra palabra, un personaje evoca a otro personaje. Un multi-diálogo que puede adquirir muchos modos de exposición, pero que sin embargo, no deja de constituir dificultad en la búsqueda de la mejor estructura: la alternancia plural y dinámica, a la vez que coherente e incitadora de los textos. El lingüista y crítico Tzvetan Todorov dice que no hay ningún enunciado que no se relacione con otros enunciados, y eso es esencial entenderlo. Otro ejemplo de ello en Las Palabras y los Días, es el mencionado en la contraportada por el ampliamente anónimo autor del comentario ahí escrito (hasta el miércoles 10, día de su presentación en la ciudad de Guatemala, supe se trataba del poeta guatemalteco-neoyorquino Francisco Nájera), al decir que el mismo título nos remite a Hesíodo en Los Trabajos y los Días. Luego, marginalmente a Las Palabras, de Jean Paul Sartré. Y así, nos podemos ver que esta intertextualidad no se limita a las “palabras prestadas” que vagan entre los folios del libro y que tampoco es gratuita sino que es parte integral del mismo. No son meramente accesorios.
Pero aún más. Ante la marginalidad comercial, la precaria distribución de libros en Guatemala, las pocas oportunidades editoriales, podemos decir que más allá de las 52 páginas de este texto-motor, probablemente (repito) escrito por Julio Serrano, orbitan varios instrumentos críticos que acompañan, abren o sugieren caminos, cuando no lecturas más allá de nuestras panorámicas textuales cargadas de nostalgias o panfletos laudatorios que se erigen como textos que de cualquier forma dejan en total soledad al lector.
Estos artefactos críticos son también hoy en día una herramienta y brazo de la poesía que se ha estado escribiendo en los últimos años. Esto lo demuestran experiencias, en orden de aparición, como las de Marca de Agua de Mills, Brujitos del Crepúsculo [sic] de un tal Wingston González, Times New Roman de Alejandro Marré, Breves conversaciones de la psicosis de Juan Pablo Dardón y otros más que desconozco, pero de los que imagino también han sido culpables de la aparición de estos artefactos, jóvenes críticos de la talla de Javier Payeras, Alan Mills, Francisco Nájera e incluso el mismo Julio Serrano quien hoy está al otro lado de este río. Estos personajes (sombras, fantasmas, fetiches) colocan la crítica literaria (maltrecha en este país por prácticas cuateístas y adulonas que, como dice Enrique Noriega, nos hacen pensar que todo lo que se produce en este país es de alta calidad y que intoxica no solamente al binomio texto-lector sino al mismo mundo cultural) como luz (y no simple opinión) sin proponer esquemas mecanizados o reglamentaciones que reducen al suicidio el dinámico hálito de la literatura. Cabe también mencionar, y agradecer, que en estas nuevas prácticas se han mostrado altamente equipadas con las herramientas adecuadas (la psicología, la historia, la literatura, etc.), despersonalizadas y con pretensiones verdaderamente democráticas y objetivas. Un buen paso para la salud de nuestra cultura. Para el caso de este libro, recomiendo especialmente el Comentario de Francisco Nájera y el texto titulado Ausencia + radicalidad textual en “Las palabras y los días” escrito por Alan Mills. Esperamos surjan más.
Regresando a Las Palabras y los Días.
Hay una propuesta de verdad insólitamente sencilla en el Diario del poeta griego Giorgio Seferis: “Ellos aprendieron la poesía solamente a través de la poesía que encontraban a su disposición”. Analizando esta frase, Luis Eduardo Rivera, en su libro Oficio de Lector dice que esta es una “Frase comprensiva y sabia en toda su sencillez, que revela el destino de las literaturas locales, condenadas por asuntos extraliterarios, por un desarrollo social y cultura limitado, a caminar a la zaga, a nutrirse de corrientes ya superadas y a no salir jamás de sus fronteras” De todo esto, libra a Xela y a todo el país, te rogamos señor, óyenos.
Viendo la procedencia del autor (Xela) y la realidad de los escritores locales diremos que este libro significa una patada en el trasero de las estéticas oficiales de la ciudad. Digo, aún su marginalidad es un aporte significativo, porque esta misma lo convierte en una especie de “vocero social inconsciente”, aunque, lamentablemente, esta condición de minimiza ante otro mal que los mismos artistas residentes en la ciudad de Guatemala quieren ver: “El centralismo cultural”. Claro, posiblemente sea irrevelevante de dónde venga el autor, pues un ensayo presentado en la Revista, elAcordeón, habla de provincialismo como la “incapacidad de (o rechazo a) considerar su cultura en el gran contexto” (dicho ensayo, refiriéndose a la obra del checo, Milán Kundera) fenómeno por lo visto muy común en todos los tiempos; sin embargo, lo importante es el proceso que se está dando, consistente en publicaciones y presentaciones de libros que antes creíamos propios exclusivamente de la Urbe. Desparramado en el Valle de Grabiel Rodríguez en Xela, Los xamanes del crepúsculo en Livingston, Lumbral de Hades y Argumentos que destilan (aún en proceso) de Elisa Ángel y Carlos Monzón respectivamente en San Marcos y nuevamente, Las Palabras y los Días posiblemente de Julio Serrano en Xela. Esto, claro, sólo puede significar esa integración de la cultura de nuestras provincias al gran contexto con respecto a la urbe, la cual también deberá integrarse al gran contexto global. Ante esto, claro, habrá resistencia por parte de los estilista y sibaritas de la literatura que pretenden extasiar al lector con carretadas de “sabiduría” y pseudos intelectualidad.
Sigamos.
La ausencia es la pena sin la paz de la muerte, dice Thomas Campbell. Con un tejido como el que presentan el o los autores de Las Palabra y los Días deberían surgir también cuestionamientos acerca del espacio que ocupa el mismo espacio que tropieza contra la escritura. ¿Podemos hablar (o escribir) fuera-dentro? O ¿Es factible pasar de uno al otro? Bien, Hélène Cixous habla de algo que nos recuerda al fenómeno que se ejecuta en este libro: Que, habiendo cosas imposibles de hacer con la escritura, se opta por escribir en presente. Ahora bien, no se puede escribir en presente, puesto que se escribe después del presente. Y sin embargo el sueño de la escritura es ese. Tratar de realizar ese sueño acarrea, como consecuencia transformaciones en la constitución del discurso. Desplazar el lugar y el tiempo de enunciación es una de ellas. Para esto, también se vale muy sutilmente de colocar la metáfora y la fabulación como memoria
El conserje tiene un jardín que entretiene a su vejez Una de sus flores se estaba secando descubrió que había un hormiguero en el fondo parecía un castillo las hormigas estaban bravas porque destruían su casa lo mordieron A veces sus nietas destruyen las plantas cuando él las mira las corre y las regaña Las mira desde que son botón hasta que se destruyen Su sonrisa es sincera cuida flores destruye hormigueros corretea niños
Pero cuando dice este blues que viene desde adentro no se trata de una metáfora. Hay por todo el libro una producción necesaria que ha sido dictada no totalmente por una voluntad o conciencia de escritura, sino por el drama representado detrás de la conciencia del que el presunto autor no sabe nada. Parafraseémos otra vez a Hélène Cixous:
Cuando escribo, ocurre siempre de esa manera. Sea que yo me sienta en ese río, o que deje venir la metáfora, exactamente como si estuviese soñando. No la tomo del exterior. Ella viene verdaderamente desde adentro. No veo cómo se puede escribir de otro modo que no sea dejándose cargas a lomo de esos singulares caballos que son las metáforas.
Finalmente, necesito expresar la alegría que siento por haber podido leer y compartir este libro. Ha sido realmente de gran enseñanza escribir estas líneas, que más que crítica, como bien lo han hecho Javier, Mills y Nájera el miércoles, pretender ser un acercamiento. Un zoom personal e intransmisible.
Sin miramientos y altamente acelerado, hoy viernes 21 de julio lejos de la primera línea de este archivo, como dice el autor en uno de sus poemas, asistimos al punto de partida de lo que se vislumbra puede llegar a ser uno de los máximos poetas que da este país en la última década. Y si seguimos las palabras de Kenneth Patchen podremos entender mejor esta fe:
“Los perros con las patas rotas son abatidos sin piedad
-los hombres con las almas rotas escriben a lo largo de la noche”
Y para no quedarnos tan solos, véase también Ausencia + radicalidad en “Las palabras y los días” de Julio Serrano, por Alan Mills.■