
Por Javier Ramírez
.
Hay que recorrer la ciudad, atravesarla; viajar por las carreteras del país, regresar a nuestras casas y volver a salir. Pero no lo podemos hacer tranquilos, ya no.
La publicidad se ha vuelto un delincuente y nos roba la atención a cada momento, nos crea deseos, nos da de qué hablar y nos utiliza. Cada vez más la publicidad se vuelve más agresiva.
Ahora ya no sólo nos muestra los productos y servicios como si hubiera un enorme catálogo regado por la ciudad, sino que ha llegado al punto de incluirnos en ella, meternos en el anuncio, volvernos casi a la fuerza un promotor de su producto.
Meses atrás, los buses que van por la ciudad anunciaban la cerveza Brahva y del lado de afuera de las ventanas tenían unos globos -como los que indican el pensamiento en las caricaturas- que simulaban mostrar los pensamientos del que iba sentado dentro del bus, ¡claro! los usuarios del bus iban pensando en cerveza.
Ahora, una campaña de Tigo ha puesto en la parte exterior de los buses, justo debajo de las ventanas, la mitad inferior del cuerpo de diferentes (estereo)tipos de personas que llevan un celular de dicha compañía; estos cuerpos son completados con la parte superior del cuerpo de un usuario real del bus usándolo, sin su consentimiento, para promocionar su producto.
Telefónica nos ha invadido con sus barras de señal andantes, las cuales hemos visto por las calles tratando, sin éxito, de parecer alegres y entusiastas. Esta misma empresa coloca personas en las esquinas teniendo una gran valla que anuncia la última oferta; así pasan todo el día, asoleados, cansados, proyectando una imagen no agradable de la empresa.
También hay personas que reparten volantes vestidos con un overol anaranjado con un diseño especial en la parte de la espalda para cargar unas barras que sostienen un gran cartel; esto es simplemente inhumano y un abuso a la gente que por falta de empleo se ve obligada a pasar tal vergüenza y humillación. ¿Es que acaso los publicistas o quienes sean las personas que idean estos métodos no tienen empatía por las personas que se ven humilladas para poder realizar su (no tan buena) idea?
No podemos dejar de mencionar las campañas que causan expectativa como cuando Telefónica lanzó el nuevo logotipo de su característica letra eme y por todos lados aparecía esa letra sin saber qué era. Coca-Cola Zero dio de qué hablar recientemente, abrió una página web, mandó por correo una lata vacía con una viñeta que decía “Día Zero” y al final nos dimos cuenta de que simplemente salió a la venta una variedad más, de las tantas que hay en el mundo, de Coca-Cola.
HSBC trató de enseñarnos que eran un banco y no otra cosa –algo muy fácil de asimilar- pero no buscaron quién les enseñara ortografía para escribir “hache” correctamente y no “ache” como salió en su publicidad “acheesebece”.
En los últimos días, la Alcaldía de Santa Tecla ha estado cambiando las paradas de buses por unas nuevas, mucho más grandes, donde cabe más publicidad y donde anuncian las obras que están haciendo en la ciudad acompañadas siempre del logotipo de Tigo con el lema “Santa Tecla está con Tigo”; esas enormes paradas de buses que cubren las bonitas fachadas de las casas antiguas de Santa Tecla no son más que una excusa para restregar la publicidad en la cara de los que tenemos que usar el transporte colectivo a diario.
En la época navideña vemos gente disfrazada de Santa Claus o de duendes y, en realidad, no lo hacen bien, no son personajes creíbles; son simplemente personas necesitadas de empleo, haciendo cualquier cosa para obtener ingresos, con un ridículo disfraz.
¿Qué clase de publicistas hay en el país? Me da la impresión de que la mayoría eligió esa carrera porque “no es de números” o porque pensó que era fácil. Lo peor es que muchas campañas se promueven en varios países de la región. No podemos escapar de esto ni saliendo del país.
¿Es que acaso las empresas no piensan que debería bastar solamente la calidad de un producto para que la gente lo compre? Sospecho que se trata de compensar la calidad de los productos con campañas publicitarias que impresionen, que causen curiosidad y necesidad de adquisición por el simple hecho de vender y obtener ganancias sin pensar realmente en los consumidores.
¿Qué veremos más adelante? ¿De qué nueva manera nos utilizarán para vender y hacernos comprar?■
Hay que recorrer la ciudad, atravesarla; viajar por las carreteras del país, regresar a nuestras casas y volver a salir. Pero no lo podemos hacer tranquilos, ya no.
La publicidad se ha vuelto un delincuente y nos roba la atención a cada momento, nos crea deseos, nos da de qué hablar y nos utiliza. Cada vez más la publicidad se vuelve más agresiva.
Ahora ya no sólo nos muestra los productos y servicios como si hubiera un enorme catálogo regado por la ciudad, sino que ha llegado al punto de incluirnos en ella, meternos en el anuncio, volvernos casi a la fuerza un promotor de su producto.
Meses atrás, los buses que van por la ciudad anunciaban la cerveza Brahva y del lado de afuera de las ventanas tenían unos globos -como los que indican el pensamiento en las caricaturas- que simulaban mostrar los pensamientos del que iba sentado dentro del bus, ¡claro! los usuarios del bus iban pensando en cerveza.
Telefónica nos ha invadido con sus barras de señal andantes, las cuales hemos visto por las calles tratando, sin éxito, de parecer alegres y entusiastas. Esta misma empresa coloca personas en las esquinas teniendo una gran valla que anuncia la última oferta; así pasan todo el día, asoleados, cansados, proyectando una imagen no agradable de la empresa.
También hay personas que reparten volantes vestidos con un overol anaranjado con un diseño especial en la parte de la espalda para cargar unas barras que sostienen un gran cartel; esto es simplemente inhumano y un abuso a la gente que por falta de empleo se ve obligada a pasar tal vergüenza y humillación. ¿Es que acaso los publicistas o quienes sean las personas que idean estos métodos no tienen empatía por las personas que se ven humilladas para poder realizar su (no tan buena) idea?
No podemos dejar de mencionar las campañas que causan expectativa como cuando Telefónica lanzó el nuevo logotipo de su característica letra eme y por todos lados aparecía esa letra sin saber qué era. Coca-Cola Zero dio de qué hablar recientemente, abrió una página web, mandó por correo una lata vacía con una viñeta que decía “Día Zero” y al final nos dimos cuenta de que simplemente salió a la venta una variedad más, de las tantas que hay en el mundo, de Coca-Cola.
HSBC trató de enseñarnos que eran un banco y no otra cosa –algo muy fácil de asimilar- pero no buscaron quién les enseñara ortografía para escribir “hache” correctamente y no “ache” como salió en su publicidad “acheesebece”.
En los últimos días, la Alcaldía de Santa Tecla ha estado cambiando las paradas de buses por unas nuevas, mucho más grandes, donde cabe más publicidad y donde anuncian las obras que están haciendo en la ciudad acompañadas siempre del logotipo de Tigo con el lema “Santa Tecla está con Tigo”; esas enormes paradas de buses que cubren las bonitas fachadas de las casas antiguas de Santa Tecla no son más que una excusa para restregar la publicidad en la cara de los que tenemos que usar el transporte colectivo a diario.
En la época navideña vemos gente disfrazada de Santa Claus o de duendes y, en realidad, no lo hacen bien, no son personajes creíbles; son simplemente personas necesitadas de empleo, haciendo cualquier cosa para obtener ingresos, con un ridículo disfraz.
¿Qué clase de publicistas hay en el país? Me da la impresión de que la mayoría eligió esa carrera porque “no es de números” o porque pensó que era fácil. Lo peor es que muchas campañas se promueven en varios países de la región. No podemos escapar de esto ni saliendo del país.
¿Es que acaso las empresas no piensan que debería bastar solamente la calidad de un producto para que la gente lo compre? Sospecho que se trata de compensar la calidad de los productos con campañas publicitarias que impresionen, que causen curiosidad y necesidad de adquisición por el simple hecho de vender y obtener ganancias sin pensar realmente en los consumidores.
¿Qué veremos más adelante? ¿De qué nueva manera nos utilizarán para vender y hacernos comprar?■
No hay comentarios:
Publicar un comentario