Por Isaac RamírezTuve la oportunidad de descubrir el fascinante mundo del teatro desde muy jóven. Desde ese primer encuentro hasta la fecha ya sumo casi siete años. Pero, por encima de eso, creo que lo más importante ha sido haber llegado a las manos indicadas. ¿Cómo lo sé? Supongo que el tiempo nos lo fue mostrando a mis compañeros y a mí.
Algo pasa, algo lógico y coherente, con los que empezamos con nuestro oficio desde muy jóvenes: las ideas y los proyectos van surgiendo más temprano. Eso es un hecho mucho más palpable en la industria del cine y la televisión: niños que han dado sus primeros pasos en películas infantiles o telenovelas no bien han sobrepasado los veinte, a veces antes, cuando ya están debutando en otra área, como diseño de vestuario, el maquillaje, la música, la creación de guiones e incluso algunos se atreven con la dirección. ¿La dirección? Sí, la Dirección. Pero, ¿qué experiencia- pueden preguntarse por ahí- tiene en la dirección alguien con 19, 21 años? Ninguna, seguramente. Y es que tenemos la imagen del director como un hombre- normalmente pensamos en un hombre, pero hay mujeres-directores muy buenas también- con muchos años encima. Cabello blanco y barba que nos da “seguridad” de su larga experiencia.
Recientemente tuve la oportunidad de participar en un taller de Dirección de Escena impartido por Jesús Codina, un director español radicado en Chile. -Hay que decir que al artista salvadoreño le toca formarse de talleres, conferencias o charlas que vienen a dictar artistas extranjeros o artistas salvadoreños que han tenido la oportunidad de estudiar afuera-.
Contrario a lo que me esperaba, y lo que me ponía un poco nervioso, ninguno de los "grandes directores salvadoreños" estuvo presente. Ah, es que se me olvidaba: ellos ya son directores. ¿Qué pueden aprender en un taller que dura una semana solo y más de alguien que es, en edad, menor que ellos?... Bueno, de cualquier modo, ese no es el punto.
A pesar de que mi formación, en el teatro, es de actuación más que de otra cosa, algo tengo con la dirección, Y me muevo mejor en esa área, lo sé. No solo porque lo he sentido, pero también porque ha habido algún honesto que me lo ha dicho. En ese sentido, el taller se me presentaba como una oportunidad.
Muchos fueron los temas que se discutieron, tanto de la Dirección de Escena en sí, como de experiencias que cada uno hemos experimentado con nuestros grupos y que fuimos compartiendo a lo largo de los cinco días que duro dicho taller. Pero me quiero detener en una pregunta que es, para mí, uno de las más importantes: ¿Cuándo Soy Director? Como ya he dicho tenemos una idea preconcebida de director. Una preconcepción impulsada por los mismos directores muchas veces. A ellos les cuesta confiar en un director joven. “… Tienes que tener por lo menos 35 años para empezar a dirigir…”- dicen por ahí. “… El teatro es cosa difícil, ¿sabés?, es cuestión profunda, no todos los pueden entender…” Pero, ¿por qué esperar hasta los 35 o 40 para dirigir cuando tengo tantas ideas ahora? ¿Qué pasa si muero antes de llegar? ¿Y qué hago con todas esas nuevas ideas que vayan naciendo a lo largo de estos años antes de los 35? ¿Debo pedirles, acaso, de la manera más atenta, hacer fila y esperar el momento? La pregunta es: ¿cuál momento?.. Y es que no quiero hacer a un lado la parte teórica que todo artista tiene la obligación de procurarse. Soy un ferviente lector de todo cuanto libro pueda caer a mis manos. Sin embargo, ¿de qué otra forma se hace una experiencia sino haciendo, trabajando? ¿Existe otra manera de formarse director sino dirigiendo?
A los jóvenes salvadoreños que queremos incursionar en el medio artístico nacional nos toca luchar contra dos fuertes obstáculos: primero, la falta de espacios y personas interesadas en formar nuevas generaciones –existen quienes reclutan personas para su próximo montaje, que no es lo mismo-; y a pesar de eso, y aquí viene la segunda: la crítica siempre es dura. “En este país apenas podés llegar a ser actor como para que estés soñando con querer ser director”, me dijo alguien después de que le externara mis enormes deseos por dirigir. ¿Apenas? ¿Qué quiso decir con “apenas”?... No estoy seguro.
Pienso que lo más beneficioso para los que empezamos por este camino y para el teatro mismo en El Salvador sería contar con el apoyo de los maestros. Que vayan a ver nuestros espectáculos. Pero no solo para comprobar si el Método de las Acciones Físicas de Stanislavsky está bien empleado y decidir, a partir de eso, lo bueno o lo malo que somos; sino también para orientarnos, para servirnos de guía que nos ayude a acercarnos cada vez más al Teatro Verdadero… Porque la crítica severa no vale en un país en el que ni siquiera existen escuelas.
¿Cuándo soy director?- vuelvo a la pregunta… Todos hemos pasado por la escuela y, alguna vez, representamos una obra como parte de la materia de Lenguaje y Literatura. Y se delegaron roles. Unos fueron actores o actrices, por ejemplo. Pero hubo quien era el encargado de coordinar los horarios de ensayos, que los diálogos estuvieran aprendidos a tiempo, que el vestuario fuera ese, que la música esa, ¿cuándo entra este personaje?, ¿por dónde estotro?, ¿cómo?... ¿No es eso lo que hace un director? ¿No es eso dirigir? Claro, puedo imaginar que la palabra Director nos suene tan grande que nos de miedo usarla. A menudo he visto programas de manos con títulos como: Coordinador General, Propuesta Escénica de, etc., en la parte en que debería de ir: Director. Pero es que en El Salvador hasta decir que somos actores nos da miedo…
Más que otra cosa, creo que lo que nos hace falta es saber reconocernos a nosotros mismo por eso que somos… Y no martirizándonos con métodos ortodoxos que mucho mal hacen. Si montas una obra eres director. Simple. Si tu montaje es bueno o es malo… Bueno, ese es otro tema que tendrá que ser tratado en otra ocasión…■
Algo pasa, algo lógico y coherente, con los que empezamos con nuestro oficio desde muy jóvenes: las ideas y los proyectos van surgiendo más temprano. Eso es un hecho mucho más palpable en la industria del cine y la televisión: niños que han dado sus primeros pasos en películas infantiles o telenovelas no bien han sobrepasado los veinte, a veces antes, cuando ya están debutando en otra área, como diseño de vestuario, el maquillaje, la música, la creación de guiones e incluso algunos se atreven con la dirección. ¿La dirección? Sí, la Dirección. Pero, ¿qué experiencia- pueden preguntarse por ahí- tiene en la dirección alguien con 19, 21 años? Ninguna, seguramente. Y es que tenemos la imagen del director como un hombre- normalmente pensamos en un hombre, pero hay mujeres-directores muy buenas también- con muchos años encima. Cabello blanco y barba que nos da “seguridad” de su larga experiencia.
Recientemente tuve la oportunidad de participar en un taller de Dirección de Escena impartido por Jesús Codina, un director español radicado en Chile. -Hay que decir que al artista salvadoreño le toca formarse de talleres, conferencias o charlas que vienen a dictar artistas extranjeros o artistas salvadoreños que han tenido la oportunidad de estudiar afuera-.
Contrario a lo que me esperaba, y lo que me ponía un poco nervioso, ninguno de los "grandes directores salvadoreños" estuvo presente. Ah, es que se me olvidaba: ellos ya son directores. ¿Qué pueden aprender en un taller que dura una semana solo y más de alguien que es, en edad, menor que ellos?... Bueno, de cualquier modo, ese no es el punto.
A pesar de que mi formación, en el teatro, es de actuación más que de otra cosa, algo tengo con la dirección, Y me muevo mejor en esa área, lo sé. No solo porque lo he sentido, pero también porque ha habido algún honesto que me lo ha dicho. En ese sentido, el taller se me presentaba como una oportunidad.
Muchos fueron los temas que se discutieron, tanto de la Dirección de Escena en sí, como de experiencias que cada uno hemos experimentado con nuestros grupos y que fuimos compartiendo a lo largo de los cinco días que duro dicho taller. Pero me quiero detener en una pregunta que es, para mí, uno de las más importantes: ¿Cuándo Soy Director? Como ya he dicho tenemos una idea preconcebida de director. Una preconcepción impulsada por los mismos directores muchas veces. A ellos les cuesta confiar en un director joven. “… Tienes que tener por lo menos 35 años para empezar a dirigir…”- dicen por ahí. “… El teatro es cosa difícil, ¿sabés?, es cuestión profunda, no todos los pueden entender…” Pero, ¿por qué esperar hasta los 35 o 40 para dirigir cuando tengo tantas ideas ahora? ¿Qué pasa si muero antes de llegar? ¿Y qué hago con todas esas nuevas ideas que vayan naciendo a lo largo de estos años antes de los 35? ¿Debo pedirles, acaso, de la manera más atenta, hacer fila y esperar el momento? La pregunta es: ¿cuál momento?.. Y es que no quiero hacer a un lado la parte teórica que todo artista tiene la obligación de procurarse. Soy un ferviente lector de todo cuanto libro pueda caer a mis manos. Sin embargo, ¿de qué otra forma se hace una experiencia sino haciendo, trabajando? ¿Existe otra manera de formarse director sino dirigiendo?
A los jóvenes salvadoreños que queremos incursionar en el medio artístico nacional nos toca luchar contra dos fuertes obstáculos: primero, la falta de espacios y personas interesadas en formar nuevas generaciones –existen quienes reclutan personas para su próximo montaje, que no es lo mismo-; y a pesar de eso, y aquí viene la segunda: la crítica siempre es dura. “En este país apenas podés llegar a ser actor como para que estés soñando con querer ser director”, me dijo alguien después de que le externara mis enormes deseos por dirigir. ¿Apenas? ¿Qué quiso decir con “apenas”?... No estoy seguro.
Pienso que lo más beneficioso para los que empezamos por este camino y para el teatro mismo en El Salvador sería contar con el apoyo de los maestros. Que vayan a ver nuestros espectáculos. Pero no solo para comprobar si el Método de las Acciones Físicas de Stanislavsky está bien empleado y decidir, a partir de eso, lo bueno o lo malo que somos; sino también para orientarnos, para servirnos de guía que nos ayude a acercarnos cada vez más al Teatro Verdadero… Porque la crítica severa no vale en un país en el que ni siquiera existen escuelas.
¿Cuándo soy director?- vuelvo a la pregunta… Todos hemos pasado por la escuela y, alguna vez, representamos una obra como parte de la materia de Lenguaje y Literatura. Y se delegaron roles. Unos fueron actores o actrices, por ejemplo. Pero hubo quien era el encargado de coordinar los horarios de ensayos, que los diálogos estuvieran aprendidos a tiempo, que el vestuario fuera ese, que la música esa, ¿cuándo entra este personaje?, ¿por dónde estotro?, ¿cómo?... ¿No es eso lo que hace un director? ¿No es eso dirigir? Claro, puedo imaginar que la palabra Director nos suene tan grande que nos de miedo usarla. A menudo he visto programas de manos con títulos como: Coordinador General, Propuesta Escénica de, etc., en la parte en que debería de ir: Director. Pero es que en El Salvador hasta decir que somos actores nos da miedo…
Más que otra cosa, creo que lo que nos hace falta es saber reconocernos a nosotros mismo por eso que somos… Y no martirizándonos con métodos ortodoxos que mucho mal hacen. Si montas una obra eres director. Simple. Si tu montaje es bueno o es malo… Bueno, ese es otro tema que tendrá que ser tratado en otra ocasión…■
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