lunes, octubre 29

Arte popular


Por Mario Zetino



La discusión entre arte popular y arte de élite siempre tiene vigencia. Yo, por mi parte, considero que el arte es un producto cultural complejo, que para su creación requiere de talento o aptitud natural, conocimiento acumulado, aplicación de una técnica, mucho trabajo, y un cierto algo más que humano que nadie sabe explicar pero que es lo que hace que la obra sea arte; y que para su disfrute, requiere de unos códigos compartidos entre el autor y el lector, y de ganas de experimentar emoción.
Pero como mi opinión es sólo mi opinión y por estar vivo y aquí siempre resultará parcial (sólo va a ser definitiva cuando me muera: no le voy a poder cambiar ni una letra), cito a un maestro y buen amigo mío que algo ha dicho sobre estas cosas:
Yo he visto la emoción que entre la gente sencilla provoca una representación de Hamlet, obra difícil y sutil si las hay, y que sigue siendo tema de estudios eruditos y de infinitas controversias. Es cierto que esa gente no puede comprender muchas cosas que apasionan a los especialistas en teatro isabelino. ¿Pero qué importa? Sólo su emoción importa, su maravilla y su transporte frente a la tragedia del joven príncipe danés. Lo que prueba que Shakespeare escribía verdaderamente para el pueblo, en la medida en que su tema era profundamente significativo para cualquiera –en diferentes planos, sí, pero alcanzando un poco a cada uno– y que el tratamiento teatral de ese tema tenía la intensidad propia de los grandes escritores, y gracias a la cual se quiebran las barreras intelectuales aparentemente más rígidas, y los hombres se reconocen y fraternizan en un plano que está más allá o más acá de la cultura. Por supuesto, sería ingenuo creer que toda gran obra puede ser comprendida y admirada por las gentes sencillas; no es así, y no puede serlo. Pero la admiración que provocan las tragedias griegas o las de Shakespeare, el interés apasionado que despiertan muchos cuentos y novelas nada sencillos ni accesibles, deberían hacer sospechar a los partidarios del mal llamado “arte popular” que su noción del pueblo es parcial, injusta, y en último término peligrosa. No se le hace ningún favor al pueblo si se le propone una literatura que puede asimilar sin esfuerzo, pasivamente, como quien va al cine a ver películas de cowboys.

Cortázar. Conferencia en la Habana. 1962.
(Tomado de Las armas secretas y otros cuentos. La Habana, 1999)

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